El primer encuentro

¿Qué esperar el primer dia? 

Mi primera pregunta es: «¿en qué te puedo ayudar?». A partir de ahí, comienzo a valorar cual es tu demanda REAL. Me explico: hay quienes vienen con una idea de qué les sucede y ¡ole!, realmente saben dónde esta el nudo de su cordón. Otras, en cambio, aunque parece que vienen por un motivo, a lo largo de la sesión,  se dan cuenta de que el desbarajuste no estaba en el punto X, sino en Z. Por último, también es común escuchar «se que algo me sucede, pero no sé el qué y no sabría por dónde empezar».   

Ese día no establezco objetivos, ni intervengo de ninguna manera terapéutica. A lo que me dedico es a concederte el  espacio que necesitas  para que la mente comience a hablar «sin miedos».

Fase evaluativa

Me toca investigar. ¿A qué me refiero? ¬¬

Comienzo a analizar cual es tu esquema mental, mientras identifico qué recursos y/o estrategias ha diseñado tu mente para intentar «echarte un cable» en momentos X. 

Te estudio, vaya. Si no entiendo cómo procesas la información, no puedo comprenderte y, si no lo hago, entonces no puedo atenderte.  

Esto suele durar unas 4-5 o 6 sesiones. 

La terapia

El gran ansiado momento: abrir la mente. 

Llegó el momento de intervenir. ¿El objetivo? Liberarte de tus trampas mentales. Ahora es cuando comienzas a desarrollar nuevos recursos, adquirir nuevas competencias y habilidades. Es el momento del Crecimiento Personal, de aumentar tu capacidad Resiliente, de conseguir sentirte Libre y de perderle el miedo a «no ser suficiente» o «no ser perfect@».

Nada cambia, si nada cambias. Ergo… ¿se cambia? Mmmmm, no. Se aprende 😉 (Luego vienen otros resultados).

¿Me explico?

La duración:  viene determinada por el tipo de demanda, tu nivel de malestar, tu facilidad o dificultad por escucharte y/o reflexionar, por tu trabajo fuera del espacio de las sesiones, por tu intencionalidad en el propio desarrollo… No es posible determinar cuánto tiempo te llevará.

¿Cuándo se finaliza?

«¿El alta me la das tú o soy yo quien ya no necesitará ir más?

Ambas opciones. Por un lado, hay quienes sienten que su proceso ha terminado. Simplemente ya se reconocen… saben que saben y saben que no se dejarán caer.

Por otro, hay clientes que prefieren que el final lo marque el profesional, ya que por ellos podrían seguir viniendo (les encanta seguir aprendiendo sobre quienes son). Es lo que llamo realizar un «acompañamiento».

Profesionalmente, cierro el proceso cuando al hacer los «seguimientos» veo una persona gestionando desde su libertad: «haces lo que haces por lo que piensas y piensas lo que piensas, porque así decides enfocarlo. En definitiva, cuando tus emociones y sentimientos acompañan tu estilo de vida».